{"id":1318,"date":"2021-12-31T17:13:10","date_gmt":"2021-12-31T17:13:10","guid":{"rendered":"http:\/\/layana.begueria.es\/?p=1318"},"modified":"2021-12-31T17:29:40","modified_gmt":"2021-12-31T17:29:40","slug":"la-bolsa-o-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/layana.begueria.es\/?p=1318","title":{"rendered":"LA BOLSA O LA VIDA"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"twitterbutton\" style=\"float: right; padding-left: 5px;\"><a href=\"http:\/\/twitter.com\/share\" class=\"twitter-share-button\" data-count=\"none\" data-text=\"LA BOLSA O LA VIDA\" data-via=\"mabegueriagmail.com\" data-url=\"http:\/\/layana.begueria.es\/?p=1318\" data-lang=\"en\" data-related=\":Layana, un pueblo de Arag\u00f3n\"><\/a><\/div>\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Se ha pasado de moda pero hace muchos a\u00f1os en los tebeos el atracador, con antifaz y navaja en ristre, se enfrentaba a la asustada v\u00edctima con la f\u00f3rmula cl\u00e1sica \u201cla bolsa o la vida\u201d. La verdad es que la disyuntiva presenta una elecci\u00f3n chunga. Mejor ser\u00eda decirle al atracador,&nbsp; \u201cmire, ninguna de las dos\u201d. Pero hab\u00eda elegir y la menos mala era \u201cLa bolsa\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En los a\u00f1os sesenta, en los pueblos peque\u00f1os de Espa\u00f1a\u00a0 la vida atracaba a los ni\u00f1os afortunados con una opci\u00f3n parecida. O mejor a sus padres. La bolsa o la vida. O te quedas en el pueblo destripando terrones y quiz\u00e1s puedas m\u00e1s adelante mejorar de fortuna emple\u00e1ndote en alguna f\u00e1brica, o sea la vida, o te vas a estudiar en un internado de la ciudad, lejos de la familia, o sea la bolsa. Si eliges la bolsa, en un futuro y con perseverancia podr\u00e1s abrirte camino, dec\u00edan. Cualquiera de las dos opciones conduc\u00edan a un futuro inmediato bien negro. Tampoco en este caso se nos permit\u00eda decir \u201cninguna de las dos\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya he dicho que esta opci\u00f3n s\u00f3lo era para los ni\u00f1os afortunados. La mayor\u00eda no eleg\u00eda. Se los arrojaba a la vida.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Yo tuve el privilegio de elegir la bolsa. Es decir el internado, el colegio, la soledad. Y no es que mis padres fueran ricos, sal\u00edan adelante como pod\u00edan, trabajando. Pero estaban seguros de lo que quer\u00edan o,&nbsp; mejor,&nbsp; de lo que no quer\u00edan. Quer\u00edan que sus hijos se educasen, que estudiasen, no ya para ascender de clase social, sino por la convicci\u00f3n de que la cultura , y&nbsp; la educaci\u00f3n,&nbsp; es el m\u00e1s alto valor al que se puede aspirar.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi madre se educ\u00f3 durante muchos a\u00f1os en un colegio femenino de monjas, siguiendo los c\u00e1nones de la educaci\u00f3n de se\u00f1oritas de aquel tiempo. Al final, esos estudios se pod\u00edan convalidar por los de magisterio y pod\u00edan ejercer de maestras de escuela. No fue ese el destino que eligi\u00f3. Se ocup\u00f3 de diversos trabajos en tiempos en los que las mujeres se casaban y no trabajaban. Llego a ser funcionaria de hacienda y podr\u00eda haber terminado all\u00ed felizmente su vida laboral de no haberse encontrado con el que ser\u00eda m\u00e1s tarde su marido y mi padre para instalarse en el peque\u00f1o pueblo de ambos. Su educaci\u00f3n le dio&nbsp; instrumentos para sacar adelante sus trabajos en el pueblo con suficiencia y sabidur\u00eda. Por otra parte, su educaci\u00f3n cre\u00f3 en ella inquietud por la lectura y vocaci\u00f3n para actividades art\u00edsticas como pintar, bordar o simplemente para disfrutar cada d\u00eda con el crucigrama del peri\u00f3dico.<\/p>\n\n\n\n<p>La historia de mi padre fue muy diferente. Su madre, mi abuela, muri\u00f3 en el&nbsp; parto. Su padre, mi abuelo, intent\u00f3 rehacer su vida abriendo negocios fuera del pueblo que fracasaron uno detr\u00e1s de otro, arruin\u00e1ndose lentamente. Finalmente regres\u00f3 a su casa, al pueblo. No debi\u00f3 de ser un regreso triunfal. Mi padre ten\u00eda seis a\u00f1os cuando su padre, mi abuelo, falleci\u00f3 de una apendicitis mal diagnosticada. Puedo ver a mi padre, muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, con l\u00e1grimas en los ojos recordando el momento de la muerte de su padre en la cama con \u00e9l abrazado. Mi abuelo era una persona ilustrada, con formaci\u00f3n e ideales pol\u00edticos poco id\u00f3neos para una sociedad caciquil y pueblerina como la que le toc\u00f3 en suerte. Estas desgraciadas circunstancias s\u00f3lo permitieron a mi padre una educaci\u00f3n elemental, la que le pod\u00eda proporcionar la escuela del pueblo. Por suerte para \u00e9l, se encontr\u00f3 con un excelente maestro que le inculc\u00f3 un amor a la lectura que le dur\u00f3 toda la vida. Mi padre ha sido uno de los mejores lectores que he conocido.<\/p>\n\n\n\n<p>Recordemos que he elegido la bolsa. Intento evocar mi llegada al colegio en la ciudad, muy lejos de mi casa, con nueve a\u00f1os de edad para cursar ingreso de bachiller y no recuerdo casi nada. En ese enorme edificio reci\u00e9n inaugurado qued\u00e9 confundido y desolado. Era primero de octubre y hasta la Navidad no volver\u00eda a mi pueblo, a mi casa, a abrazar a mi madre. No voy a aburrir describiendo la enorme tristeza en la que me ahogu\u00e9 durante muchas semanas. Cu\u00e1ntas veces me&nbsp; encontr\u00e9 llorando sin que nadie me viera por los desolados pasillos. Cu\u00e1ntas veces me acost\u00e9 imaginando el beso de despedida de mi madre. Por fortuna, pasaban los d\u00edas y la tristeza iba dando paso a la rutina menos penosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Trat\u00e9 de seguir en mi pueblo desde la imaginaci\u00f3n cambiando las salas de estudio o las clases aburridas por el sal\u00f3n de mi casa, la plaza, el r\u00edo, las arboledas. Justo cuando se decidi\u00f3 que fuera al internado del colegio hab\u00eda llegado al pueblo un maestro que intentaba renovar las inamovibles costumbres pueblerinas ense\u00f1ando extra\u00f1as costumbres para sus gentes como anudar una corbata y cosas por el estilo. Pero lo que a m\u00ed m\u00e1s me interes\u00f3 de aquel maestro fue su intento de crear una rondalla. \u00a1Qu\u00e9 importantes han sido los maestros en los pueblos! A mi hermano, m\u00e1s peque\u00f1o que yo, con gran envidia por mi parte, le hab\u00edan comprado una bandurria con la que empezaba a tocar sus primeras melod\u00edas. No tuve tiempo m\u00e1s que para curiosear el instrumento superficialmente, pero cre\u00ed entender para qu\u00e9 serv\u00edan los trastes en el diapas\u00f3n, la afinaci\u00f3n de las cuerdas, el cifrado de las partituras.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Me dol\u00eda no poder disfrutar de la bandurria en el colegio y encontr\u00e9 un consuelo que aliment\u00f3 mis descubrimientos iniciales de la m\u00fasica. Ten\u00edamos todos los alumnos una regla de madera bastante ancha para las clases de dibujo y matem\u00e1ticas.. En su anchura cre\u00ed ver el m\u00e1stil y diapas\u00f3n de una bandurria. S\u00f3lo me qued\u00f3 dibujar seis l\u00edneas paralelas a lo largo de la regla correspondientes a las seis cuerdas del instrumento y otras l\u00edneas horizontales que reproduc\u00edan los trastes. Y practicaba. Intentaba recordar las pocas canciones que hab\u00eda podido estudiar y se me ocurri\u00f3 que podr\u00eda escribir otras que tocaba en mi regla y aunque realmente no las pod\u00eda escuchar cre\u00eda oirlas en mi interior. Y las escrib\u00eda en tablatura. Curiosamente, cuando lleg\u00f3 la primera Navidad pude comprobar en la bandurria de verdad que estaban bastante acertadas mis \u201cprotocomposiciones\u201d. Sonaban bien.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En estos ejercicios de memoria que practico al escribir estas l\u00edneas doy muchas vueltas a mi inclinaci\u00f3n por la m\u00fasica. Me pregunto que de d\u00f3nde me viene. Intento evocar mis primeros recuerdos y todos tienen que ver con la m\u00fasica aun viviendo en un p\u00e1ramo musical como era el pueblo instalado en el p\u00e1ramo aun mayor de la provincia y con unos padres a-musicales.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La m\u00fasica en la iglesia. Un horror. Hab\u00eda en la iglesia un armonium viejo que lo trasteaba una se\u00f1ora soltera que, dicen, hab\u00eda aprendido piano en su juventud. La verdad es que lo pienso ahora y considero escandaloso llamar a aquello m\u00fasica. Los pedales del armonium nunca se&nbsp; hab\u00edan engrasado y al accionarlos produc\u00edan un r\u00edtmico chirrido que durante mucho tiempo pens\u00e9 que era el objeto musical de la organista porque lo que nac\u00eda de las teclas pulsadas era una monserga en el registro bajo que m\u00e1s parec\u00eda el ruido de una m\u00e1quina.<\/p>\n\n\n\n<p>Mejor recuerdo guardo de Miguelito. Miguelito era un pintor de brocha fina de un pueblo vecino. Las gentes no pintaban sus casas, las encalaban para adecentarlas y probablemente, sin saberlo, para desinfectarlas. Mi madre no encalaba sino que pintaba las habitaciones y Miguelito era el pintor que parsimoniosamente y sin conciencia del tiempo invertido pasaba horas trazando grecas, perfiles y adornos en las paredes. Esta tarea le ocup\u00f3 largas semanas cuando yo aun no hab\u00eda empezado a ir a la escuela. Tendr\u00eda cuatro o cinco a\u00f1os. Y pasaba las horas sentado en la escalera escuchando las canciones interminables de Miguelito. Recuerdo estos momentos como alguno de los m\u00e1s felices de mi infancia. Boleros, alg\u00fan tango. <em>Tres gardenias, Por el camino verde, Angelitos negros<\/em>. Este fue mi primer repertorio.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis padres no entend\u00edan que yo pudiera pasar tantas horas en la escalera. Carec\u00edan de la menor inclinaci\u00f3n musical. Mi madre desde su educaci\u00f3n monjil pensaba que la m\u00fasica estaba cerca del artisteo, de los teatros, de la sensualidad, del demonio, del pecado, en definitiva. Mi padre simplemente ignoraba todo lo que tuviera relaci\u00f3n con la m\u00fasica, s\u00f3lo la literatura le parec\u00eda importante. La m\u00fasica popular era tambi\u00e9n peligrosa. La jota se pod\u00eda escuchar cada d\u00eda de fiesta en la cantina del pueblo y siempre en un ambiente alegre y et\u00edlico. O sea, terreno prohibido. Nunca me interes\u00f3 la jota. Ni antes ni ahora.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvamos al colegio con el ni\u00f1o de nueve a\u00f1os, perdido en el fr\u00edo edificio del internado que aprovecha cualquier momento que se encuentra solo para llorar vigilando atentamente que nadie le vea.&nbsp; \u00bfQu\u00e9 recuerdo de mi primer a\u00f1o, el de ingreso de bachiller? Poco y adem\u00e1s envuelto en una nebulosa.<\/p>\n\n\n\n<p>Las clases en general las soportaba bien y sin problemas. Los estudios me aburr\u00edan un poco pero pronto aprend\u00ed algo que me ha servido para siempre. La imaginaci\u00f3n puede suplir a la mejor de las diversiones y ya empec\u00e9 a sacarle partido entonces. Las asignaturas que me exig\u00edan memorizar y por tanto hincar los codos eran las que m\u00e1s me aburr\u00edan. Por suerte ten\u00eda bastante buena memoria y no me costaba mucho retener las lecciones. Ahora valoro ese esfuerzo porque las bases de mi conocimiento de la geograf\u00eda de Espa\u00f1a y aun del mundo est\u00e1 en ese curso de ingreso y luego en primero de bachiller.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Introduzco una an\u00e9cdota relacionada con estas primeras memorizaciones. Siempre he recordado los lagos de Rusia que por entonces aprend\u00ed. <em>Ladoga, Onega y Peipus<\/em>. Y los r\u00edos y cabos, pero siempre asociados a mundos lejanos, misteriosos. Mundos que est\u00e1n sobre todo en los libros. Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, en un encuentro con profesores de un instituto del norte de Estonia, realizamos una excursi\u00f3n que nos llev\u00f3 a la orilla del lago <em>Peipus.<\/em> All\u00ed descubr\u00ed el mundo remoto que so\u00f1aba de ni\u00f1o. Un enorme lago de muy poca profundidad con miserables aldeas a sus orillas que viv\u00edan de lo que pescaban en \u00e9l. Fue un emocionante salto en el tiempo de cincuenta a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Las matem\u00e1ticas me gustaban m\u00e1s que nada porque me resultaban f\u00e1ciles. No entend\u00eda como a tantos compa\u00f1eros les costaba solucionar los problemas que se hab\u00edan explicado en la pizarra detalladamente. Yo ten\u00eda la suerte de que con poco m\u00e1s de lo que escuchaba en la clase ten\u00eda garantizada una buena nota en los ex\u00e1menes de matem\u00e1ticas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis recuerdos de los curas son vagos y poco importantes. Los sit\u00faan mis recuerdos vigilando estudios, dando clases y manteniendo la disciplina. Ninguna relaci\u00f3n especial conmigo. Quiz\u00e1s hab\u00eda uno que me miraba con m\u00e1s afecto pero al que no le correspond\u00ed con el m\u00edo. Con \u00e9ste me ocurri\u00f3 un suceso feo del que en su momento no encontr\u00e9 explicaci\u00f3n pero se me qued\u00f3 tan grabado que su recuerdo me ha acompa\u00f1ado siempre. El sal\u00f3n dormitorio era una enorme espacio con muchas camas distribuidas ordenadamente. Cada cual ten\u00eda su cama. Por la ma\u00f1ana un timbre nos despertaba y empezaba la actividad diaria a tempo lento. Acud\u00edamos a una fuente redonda de la que manaba el agua como de una inmensa flor en la que nos ase\u00e1bamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche, ya acostados, con las luces apagadas y ya dormidos me despert\u00e9 al notar que alguien me estaba tocando. Tengo presente la imagen del cura de rodillas junto a mi cama. Una mano la ten\u00eda sob\u00e1ndome los peque\u00f1os genitales. Me sorprendi\u00f3 su cara como encendida, los ojos se le sal\u00edan de las \u00f3rbitas. M\u00e1s tarde cuando ya supe algo m\u00e1s del sexo descubr\u00ed que se estaba masturbando. Cuando el cura se dio cuenta de que me hab\u00eda despertado, r\u00e1pidamente desapareci\u00f3 en la oscuridad. En honor a la verdad dir\u00e9 que este suceso no me traumatiz\u00f3 ni entonces ni despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>A los espacios de los curas no se pod\u00eda acceder. Lo llamaban clausura. Tampoco es que tuvi\u00e9ramos curiosidad por entrar all\u00ed. Pero ya en esa temprana edad sent\u00edamos que no era una vida sana la de aquella gente que viv\u00edan juntos pero no daba la impresi\u00f3n de que se quisieran demasiado entre ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro recuerdo me visita de vez en cuando. En el colegio hab\u00eda estudiantes internos y estudiantes externos. La educaci\u00f3n era la misma con la \u00fanica diferencia de que los externos ven\u00edan cada d\u00eda de su casa donde viv\u00edan con su familia y los internos proced\u00edan de pueblos m\u00e1s o menos lejanos. Pero hab\u00eda otra clase de estudiantes, por llamarlos as\u00ed. Los llamaban f\u00e1mulos. No ten\u00edan contacto con los internos ni con los externos porque los curas no quer\u00edan que se mezclaran los que pagaban con los que&nbsp; eran acogidos por compasi\u00f3n. Los f\u00e1mulos proced\u00edan de pueblos o de la ciudad, de familias sin recursos y a los que se les daba una educaci\u00f3n de baja calidad gratis a cuenta de sus trabajos limpiando el colegio, ayudando en las cocinas, etc. Siempre me pareci\u00f3 una esclavitud disfrazada de caridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Y si no encontr\u00e9 evidentes malos tratos continuados como se dec\u00eda que ocurr\u00eda en otros colegios s\u00ed que pude asistir a momentos desgraciados poco acordes con la caridad que predicaban. Fue ya en primero de bachillerato. Un alumno, externo, procedente de una familia pobre no se lavaba suficientemente las orejas. El chico, al que he visto a\u00f1os m\u00e1s tarde, era algo deficiente y no hac\u00eda caso cuando el cura de turno le dec\u00eda que se lavara mejor. El desenlace fue sonrojante, no s\u00f3lo para ese alumno sino para casi todos los que asistimos al penoso espect\u00e1culo. El patio del colegio ten\u00eda en el centro una peque\u00f1a fuente. El cura avis\u00f3 a los alumnos de las clases que daban al patio para que se asomaran a las ventas porque iba a lavar p\u00fablicamente y con escarnio al pobre chico. No creo que se le haya olvidado nunca. Yo que fui simple espectador lo recuerdo con claridad y a\u00fan noto cierto rubor en las mejillas cuando acude a mi memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Y llegaban las vacaciones y volv\u00eda a reencontrarme con las delicias del pueblo. Buenas comidas,&nbsp; gentes que me recib\u00edan cari\u00f1osamente. Recuerdo que todos nos saludaban amablemente y se alegraban de nuestro regreso. Deb\u00edamos de ser como las golondrinas que anuncian el verano. Nosotros anunci\u00e1bamos d\u00edas de fiesta. Alguno no sab\u00eda bien la f\u00f3rmula de bienvenida y en vez de empezar&nbsp; con \u201cqu\u00e9 tal est\u00e1s\u201d,&nbsp; me dec\u00edan directamente \u201cbien y tu\u201d. Siempre me ha hecho sonre\u00edr el tratamiento que en los pueblos hacen de estas formulas de cortes\u00eda, como las de duelo en los funerales que se dicen sin entender realmente el significado de las palabras y se convierten a veces en verdaderos disparates.<\/p>\n\n\n\n<p>Las vacaciones de verano eran las mejores porque eran largas, ten\u00edamos buen tiempo y permit\u00edan planes de largo recorrido. En ese tiempo y durante muchos a\u00f1os tuve un buen amigo, muy diferente a m\u00ed, con el que compart\u00eda&nbsp; mucho tiempo. Era experto en habilidades que yo nunca tuve. Sab\u00eda d\u00f3nde estaban los nidos en las paredes del pueblo, con el tirachinas donde pon\u00eda el ojo llegaba certeramente la piedra. Yo le segu\u00eda a esas actividades. Nos ba\u00f1\u00e1bamos en el r\u00edo. Pesc\u00e1bamos barbos con aparejos de construcci\u00f3n casera.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi madre, que regentaba una tienda de pueblo, o sea que vend\u00eda de todo, recib\u00eda todas las semanas los tebeos de la \u00e9poca. T<em>BO, Pulgarcito, Capit\u00e1n Trueno, Jabato, El Guerrero del Antifaz, Haza\u00f1as b\u00e9licas.<\/em> Ella dec\u00eda que los compraba porque as\u00ed consegu\u00eda que descans\u00e1ramos despu\u00e9s de la comida bien durmiendo una siesta o leyendo. Recuerdo las placenteras tardes de lectura. Sab\u00eda todo de cualquier personaje de comic. Me encantaban los dibujos de <em>Coll<\/em>. Las historietas de <em>Escobar<\/em>. Me gustaban los dibujos de El <em>Capital Trueno<\/em>, menos los de <em>El Jabato<\/em>. Admiraba el realismo de <em>Haza\u00f1as B\u00e9licas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>De los tebeos pasamos a una colecci\u00f3n de cl\u00e1sicos que ten\u00eda una secci\u00f3n de texto y otra de comic con el resumen del argumento. Comenzaba a leer el comic pero pronto pasaba al texto completo. Fue mi introducci\u00f3n a una pr\u00e1ctica que me ha acompa\u00f1ado felizmente siempre, la lectura. <em>Miguel Strogoff, Viaje a la luna, Los hijos del Capit\u00e1n Grant, La Isla del Tesoro, El \u00faltimo Mohicano <\/em>y tantos y tantos primeros t\u00edtulos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed pasaron esos dos a\u00f1os, los de ingreso y primero de bachillerato interno en un colegio de curas lejos de mi casa. Despu\u00e9s, con once a\u00f1os mi vida iba a dar un giro que me dejar\u00e1 en otro internado diferente. Tampoco pude elegir ya que, como antes, eleg\u00edan mis padres. Y de nuevo eligieron la bolsa, aunque muy diferente a la anterior. Pero ser\u00e1 tema de otro cap\u00edtulo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Se ha pasado de moda pero hace muchos a\u00f1os en los tebeos el atracador, con antifaz y navaja en ristre, se enfrentaba a la asustada v\u00edctima con la f\u00f3rmula cl\u00e1sica \u201cla bolsa o la vida\u201d. La verdad es que la disyuntiva presenta una elecci\u00f3n chunga. 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