{"id":1283,"date":"2021-11-22T18:22:33","date_gmt":"2021-11-22T18:22:33","guid":{"rendered":"http:\/\/layana.begueria.es\/?p=1283"},"modified":"2021-12-09T18:10:56","modified_gmt":"2021-12-09T18:10:56","slug":"1283","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/layana.begueria.es\/?p=1283","title":{"rendered":"UNA VIDA TRANQUILA"},"content":{"rendered":"\n<div class=\"twitterbutton\" style=\"float: right; padding-left: 5px;\"><a href=\"http:\/\/twitter.com\/share\" class=\"twitter-share-button\" data-count=\"none\" data-text=\"UNA VIDA TRANQUILA\" data-via=\"mabegueriagmail.com\" data-url=\"https:\/\/layana.begueria.es\/?p=1283\" data-lang=\"en\" data-related=\":Layana, un pueblo de Arag\u00f3n\"><\/a><\/div>\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>(Ensayo para un relato)<\/p>\n\n\n\n<p>Mi car\u00e1cter introvertido unido a la poca afici\u00f3n a multiplicar amigos me hab\u00eda dejado en la gran ciudad como un n\u00e1ufrago en la isla solitaria, o como pasajero novato en el vest\u00edbulo abarrotado de un aeropuerto. Desorientado. Ven\u00eda de un mundo f\u00e1cil, de internados y residencias en los que hab\u00eda tenido que arregl\u00e1rmelas s\u00f3lo aunque sin haber encontrado complicados problemas que solucionar en el d\u00eda a d\u00eda. Por eso, aunque la situaci\u00f3n actual era completamente nueva no present\u00eda en el horizonte miedos desconocidos a los que enfrentarme. Gozaba de una ventaja que valoraba extraordinariamente. Ten\u00eda un buen amigo. Uno de esos amigos, como sol\u00eda decir a\u00f1os m\u00e1s tarde, que s\u00f3lo se pueden encontrar en una o dos ocasiones en la vida. Y esta circunstancia me permit\u00eda ver el futuro con m\u00e1s seguridad.<\/p>\n\n\n\n<p>Mis padres, tambi\u00e9n desorientados al principio pero con arrestos para buscar la mejor soluci\u00f3n a la decisi\u00f3n de su hijo de estudiar su carrera en Madrid porque la Universidad provinciana m\u00e1s cercana a su casa familiar no ofrec\u00eda los estudios elegidos, hab\u00edan recurrido a un conocido que ten\u00eda buenas relaciones en la ciudad y les hab\u00eda proporcionado una direcci\u00f3n a la que recurrir para encontrar un alojamiento, aunque solo fuera para el primer a\u00f1o. Y dio resultado. Las dos se\u00f1oras que habitaban el inmenso apartamento del barrio de Salamanca a las que acud\u00ed aceptaron la propuesta de alquilarme una habitaci\u00f3n con derecho a una frugal cena cada noche.<\/p>\n\n\n\n<p>A esa direcci\u00f3n me dirig\u00ed al comienzo del conflictivo curso del a\u00f1o 1969. Estaban llegando a Madrid con fuerza las noticias de los acontecimientos que hab\u00edan comenzado en el mes de mayo&nbsp; del a\u00f1o anterior en Par\u00eds. Y la Universidad Central de Madrid comenzaba a inflamarse&nbsp; de acci\u00f3n pol\u00edtica. Se juntaban el final ag\u00f3nico de la dictadura, con el General que no acababa de morir, y los movimientos revolucionarios de obreros y estudiantes. Los sindicatos clandestinos y las organizaciones estudiantiles apuraban las acciones convencidos de que por fin hab\u00eda llegado la transformaci\u00f3n pol\u00edtica a Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>El apartamento en el que viv\u00ed mi primer a\u00f1o se encontraba en el barrio de Salamanca, el barrio de la burgues\u00eda madrile\u00f1a. Era muy espacioso, con dormitorios de techos altos adornados con grecas de yeso y escayola, dos grandes salones y una cocina amplia. Como en las antiguas casas de ricos dispon\u00eda de un peque\u00f1o alojamiento, al lado de la cocina,&nbsp; con una peque\u00f1a habitaci\u00f3n y ba\u00f1o para el servicio. A este espacio se acced\u00eda desde un montacargas que utilizaban los mozos del mercado, los empleados de la finca y el servicio dom\u00e9stico. Los se\u00f1ores de la casa acced\u00edan a sus pisos desde un vetusto ascensor barrocamente adornado.<\/p>\n\n\n\n<p>La decoraci\u00f3n del apartamento hab\u00eda conocido tiempos mejores. En el tiempo de mi estancia s\u00f3lo quedaban viejos sof\u00e1s, s\u00f3lidas mesas con las sillas a juego pero muy pasadas de moda y armarios de robustas maderas en las habitaciones. Destacaba en lugar preferente en el sal\u00f3n un&nbsp; piano viejo aunque bien afinado que va a tener su protagonismo en esta historia. Las dos se\u00f1oras de la casa tambi\u00e9n hab\u00edan gozado de mejores d\u00edas. Ahora eran viejas, realmente, y m\u00e1s desde la perspectiva de un joven de 18 a\u00f1os. No hab\u00edan trabajado nunca porque las gentes de su clase, si son mujeres, no deb\u00edan trabajar lo que les obligaba a ajustar sus modestas necesidades a una peque\u00f1a renta, algo as\u00ed como una pensi\u00f3n de orfandad, que les permit\u00eda salir adelante aunque con pocas alegr\u00edas. Su padre hab\u00eda sido un importante arquitecto madrile\u00f1o de su tiempo que hab\u00eda casado con una se\u00f1ora inglesa, tambi\u00e9n de clase.<\/p>\n\n\n\n<p>El apartamento se encontraba en una de las plantas bajas del edificio como correspond\u00eda a los ricos propietarios que lo adquirieron en tiempos en los que no se hab\u00eda inventado a\u00fan el ascensor. Los \u00faltimos pisos a los que hab\u00eda que acceder penosamente por las escaleras se reservaban para familias m\u00e1s modestas econ\u00f3micamente y para el portero-conserje de la finca.&nbsp; La vivienda que iba a disfrutar durante este primer curso&nbsp; estaba en la segunda planta. En el piso de abajo viv\u00eda una familia de arist\u00f3cratas en el que al lujo de la decoraci\u00f3n de la vivienda se a\u00f1ad\u00eda un esmerado servicio, siempre uniformado, parte del cual resid\u00eda en el mismo apartamento en las habitaciones de la servidumbre. Entre los empleados se encontraba un adolescente extreme\u00f1o que hab\u00edan acogido para que limpiara la plata y otras actividades por el estilo. A este chico, tremendamente ignorante porque nadie hab\u00eda tenido a bien llevarle a la escuela, le di clases durante un a\u00f1o que sirvieron para que el muchacho adquiriera alg\u00fan conocimiento que le guiase por su vida y a m\u00ed para recaudar un dinerillo que me ayudaba a ir trampeando peor que mejor el d\u00eda a d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>-A ver, Arcadio- que as\u00ed se llamaba. -\u00bfTu sabes cuando se descubri\u00f3 Am\u00e9rica? Y qui\u00e9n la descubri\u00f3?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Pues no, Manuel- es mi nombre-. No s\u00e9 quien fue pero seguro que fue hace mucho tiempo. Igual, antes de la guerra.<\/p>\n\n\n\n<p>Antes de la guerra era la expresi\u00f3n que utilizaba para decir de algo que hab\u00eda ocurrido hac\u00eda much\u00edsimo tiempo. Much\u00edsimo tiempo.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Las se\u00f1oritas, as\u00ed se presentaban ellas mismas por ser solteras, aun siendo casi de la misma edad eran muy diferentes. Se respetaban, se ayudaban en lo esencial pero no se quer\u00edan m\u00e1s all\u00e1 de lo que obliga la sangre com\u00fan. La m\u00e1s joven, Cecilia Rodriguez Strong, dos a\u00f1os menos que su hermana Margarita, hab\u00eda recibido una esmerada educaci\u00f3n inglesa que consist\u00eda en buenos modales, hablar ingl\u00e9s, vestir elegantemente, saber atender una reuni\u00f3n social con desenvoltura. Pero destacaba un regalo que le hab\u00eda dado la naturaleza m\u00e1s que su familia que era una profunda afici\u00f3n a la m\u00fasica unida a un indudable talento musical. Esta circunstancia le hab\u00eda proporcionado ocasi\u00f3n de conocer a grandes m\u00fasicos con los que manten\u00eda cierta amistad. Es m\u00e1s, en su juventud mantuvo relaciones con un joven guitarrista que promet\u00eda mucho y que con el tiempo se revel\u00f3 como uno de los m\u00e1s grandes int\u00e9rpretes de los tiempos modernos. El noviazgo se frustr\u00f3 cuando sus padres se enteraron de la relaci\u00f3n y no permitieron que su hija, de muchos posibles, pensaban, se uniera familiarmente a un vulgar int\u00e9rprete de guitarra. Ten\u00eda buena voz que hab\u00eda educado en su juventud y pod\u00eda presumir de un amplio repertorio de canto que iba desde el lieder rom\u00e1ntico hasta canci\u00f3n moderna. Adem\u00e1s destacaba un buen repertorio de m\u00fasica poco conocida como ciertas arias de \u00f3pera de Rousseau o de Leonardo D\u2019aVinci.<\/p>\n\n\n\n<p>Margarita, por el contrario no hab\u00eda tenido la suerte de la esmerada educaci\u00f3n de Cecilia. Probablemente no ten\u00eda las condiciones intelectuales, ni las inquietudes de la hermana. Su vida casi se limitaba a los peque\u00f1os cuidados de la casa, las escasas compras que se permit\u00edan y mucha dedicaci\u00f3n a los asuntos parroquiales en cuyos locales pasaba gran parte de su tiempo. Hablaban poco entre ellas y en alguna ocasi\u00f3n discut\u00edan sin que llegara la sangre al r\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo era aficionado a la m\u00fasica, pianista, y guitarrista modesto, y me encontr\u00e9 sin buscarla con la mejor ocasi\u00f3n de practicar piano que hab\u00eda tenido nunca. En los centros en los que hab\u00eda vivido hasta ahora hab\u00eda pianos pero todos en estado lamentable, con teclas que no funcionaban o muy desafinados. Dejad un piano en un internado de peque\u00f1as bestias y ver\u00e9is c\u00f3mo avanza su proceso de destrucci\u00f3n!<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando ya era profesor en un instituto, pude comprobar el grado de gamberrismo e incultura de la mayor\u00eda de j\u00f3venes en ese tiempo. Alguien don\u00f3 al centro un piano hist\u00f3rico en mal estado.&nbsp; El instituto lo mand\u00f3 restaurar y lo puso en el Sal\u00f3n de Actos para posibles conciertos. Fueron a ense\u00f1\u00e1rselo a un pianista a los pocos d\u00edas de instalarlo y encontraron el piano con todos los macillos, sin excepci\u00f3n, tronzados. Alg\u00fan energ\u00fameno se hab\u00eda colado en la sala y disfrut\u00f3 a fondo.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvamos a nuestra historia. Metido en el curso, desarroll\u00e9 una rutina que me ocupaba la ma\u00f1ana y media tarde en la Universidad. Las clases, el comedor universitario, alguna pel\u00edcula en alg\u00fan colegio mayor, alg\u00fan concierto de jazz en el San Juan Evangelista. El ambiente, en general, poco apacible. Abundaban las huelgas de estudiantes y las manifestaciones en tiempos en los que todo este tipo de actos estaban fuertemente reprimidos. A los primeros escarceos de estudiantes acud\u00edan veloces los grises, la polic\u00eda de ese tiempo, y comenzaban las carreras y el foll\u00f3n. Al final, la Ciudad Universitaria era un enorme cuartel en el que permanec\u00edan formados, a pie o a caballo, centenares de polic\u00edas. El enfrentamiento lleg\u00f3 hasta el punto de que la polic\u00eda entraba en las facultades y patrullaba en los pasillos.<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de la represi\u00f3n o a causa de ella, no faltaban las asambleas en las que se tomaban decisiones de ejecuci\u00f3n casi inmediata. Las asambleas eran dirigidas por lideres estudiantiles que con el tiempo fueron l\u00edderes pol\u00edticos o sindicales, y en algunos casos, influyentes profesionales bastante alejados del mensaje redentor juvenil. En las asambleas se votaba a mano alzada. Las decisiones generalmente se ganaban por abrumadoras mayor\u00edas si no por unanimidad. Ante una propuesta no se actuaba diciendo:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Quienes est\u00e1n a favor? -se cuentan las manos alzadas, -y Quienes est\u00e1n en contra?-&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>No. Normalmente se dec\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Alguien est\u00e1 en contra de la propuesta? &#8211;<\/p>\n\n\n\n<p>Y la mirada del dirigente recorr\u00eda la asamblea convencido de que nadie osar\u00eda levantar la mano.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Entonces queda aprobada la propuesta por unanimidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese tiempo empezaban a acudir a las facultades monjitas en busca de la titulaci\u00f3n que les permitiera trabajar de profesoras en sus colegios y aun no hab\u00eda llegado la moda de quitarse los h\u00e1bitos cuando estaban fuera de los conventos. Era muy frecuente encontrar monjitas en las aulas, sobre todo, en las aulas de letras. Algunas acud\u00edan a las asambleas y, aunque raramente, tambi\u00e9n opinaban. Y mostraban reparos a las decisiones que se pretend\u00edan tomar cuando se trataba de huelgas o acciones de este tipo. Probablemente sea un chiste pero se contaba que en una de esas asambleas y tras la dudas y recelos que una monjita expon\u00eda ante una propuesta, el l\u00edder, un poco fuera de sus casillas y algo grosero comentaba:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Bueno hermana, seguramente habr\u00e1 hecho votos de castidad, verdad? Pues si\u00e9ntese y no joda m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos esos movimientos fueron importantes y aceleraron los cambios hacia la transici\u00f3n pol\u00edtica tras la muerte del dictador. Pero la verdad es que, aunque se diga lo contrario, la participaci\u00f3n activa en toda esta movida no eran mayoritaria. Por lo menos no tan mayoritaria como se presentaba ante la opini\u00f3n p\u00fablica. Pero paraliz\u00f3 la actividad acad\u00e9mica durante todo el curso en &nbsp; la Universidad de Madrid y consigui\u00f3 adeptos entre profesores prestigiosos y valientes como Tierno Galv\u00e1n, futuro alcalde de Madrid o L\u00f3pez Aranguren, sabio catedr\u00e1tico de \u00e9tica. La movida pol\u00edtica a\u00fan dur\u00f3 unos a\u00f1os pero se fue desinflando poco a poco para transformarse en otra movida m\u00e1s l\u00fadica conocida como la movida madrile\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Dar clase era casi misi\u00f3n imposible. Se convocaban huelgas indefinidas que eran seguidas por la inmensa mayor\u00eda de estudiantes, unos por convencimiento de la oportunidad pol\u00edtica, otros por comodidad y el resto por miedo a los piquetes. Sin embargo, se pudieron hacer ex\u00e1menes, algunos en penosas condiciones y el curso pudo salvarse a medias.<\/p>\n\n\n\n<p>La Universidad Central se nutr\u00eda de estudiantes de la ciudad, y&nbsp; m\u00e1s que ninguna otra del pa\u00eds acog\u00eda a miles de estudiantes de provincias y a extranjeros. Unos resid\u00edan en colegios mayores, pero un buen n\u00famero de estudiantes cuyas familias no se pod\u00edan permitir pagar los precios de esas residencias viv\u00edan en pisos de alquiler. En el centro de la Ciudad Universitaria se hab\u00edan construido unos grandes pabellones-comedor por los que pasaban cientos de estudiantes&nbsp; cada d\u00eda. Se conoc\u00edan como comedores del SEU, el Sindicato de Estudiantes Universitarios del franquismo.<\/p>\n\n\n\n<p>La comida en los comedores del SEU era barat\u00edsima y de mala calidad, aunque mi amigo y yo, expertos en comedores de internado, no ten\u00edamos conciencia de comer mal o pasar hambre, a pesar de que los filetes de carne eran duros como suelas. De vez en cuando nos regal\u00e1bamos una comida en alg\u00fan restaurante del barrio, como Casa Eladio, en el que por poco m\u00e1s que en el SEU se pod\u00edan degustar una jud\u00edas con chorizo y unos huevos fritos con patatas. Todo un fest\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>Construidos los comedores de ladrillo con una de las paredes de cristal eran vigilados constantemente por la polic\u00eda y aunque normalmente hab\u00eda tranquilidad con mucho ruido, eso s\u00ed, f\u00e1cilmente se pod\u00eda montar una gresca ante las provocaciones de los estudiantes que pod\u00eda desencadenar una carga peligrosa porque entrando la polic\u00eda por las puertas dejaban a todo el mundo encerrado como en una ratonera y pod\u00edan actuar con violencia sin impedimentos.<\/p>\n\n\n\n<p>Este era mi ambiente desde la ma\u00f1ana a media tarde. En \u00e9l me encontraba a gusto, en las pocas clases que se pod\u00edan dar, en tertulias con compa\u00f1eros, so\u00f1ando proyectos y futuros. Desde luego, no invitaban al trabajo las huelgas indefinidas, ni el triste panorama pol\u00edtico en el que nos encontr\u00e1bamos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Visto todo esto desde mi actual perspectiva me parece que todo aquello fue necesario para superar el irrespirable ambiente pol\u00edtico de final de un periodo al que se deseaba poner fin aun cuando \u00e9ste no se viera muy cercano en el horizonte de aquel tiempo. El general no acababa de morir. En cierto sentido asistimos ahora a la decepci\u00f3n de observar c\u00f3mo las convicciones de aquellos l\u00edderes revolucionarios, por lo menos las de muchos de ellos, duraron muy poco, hasta que encontraron la posibilidad de convertirse en acomodados bur\u00f3cratas o funcionarios.&nbsp; Pero sin duda, aceleraron el proceso hist\u00f3rico de la transici\u00f3n y la llegada de las libertades. Da la impresi\u00f3n, aunque suene un poco hegeliano, de que hay algo por encima de las personas, una especie de conductor de la historia, que mueve los hilos para la transformaci\u00f3n del tiempo y utiliza&nbsp; a personas como peones para conseguir sus prop\u00f3sitos y los abandona m\u00e1s tarde. O mejor, ellos abandonan el proceso ya en marcha e imparable.<\/p>\n\n\n\n<p>Regresemos de nuevo a aquel Madrid. A media tarde me retiraba a mi casa de la calle General Or\u00e1a, donde Cecilia me esperaba con el te de las cinco y unas galletas baratas porque su desnutrido bolsillo no les daba para pastas m\u00e1s elegantes. La frugal merienda de cada d\u00eda enlazaba con la tertulia musical. Ya hemos comentado que Cecilia era, o mejor, hab\u00eda sido, buena cantante. Ahora, camino de los ochenta a\u00f1os su voz hab\u00eda perdido como es natural muchas de sus cualidades juveniles. A pesar de las deficiencias, tanto de ella como de las m\u00edas, hab\u00edamos encontrado la soluci\u00f3n perfecta para disfrutar de buenos ratos en las tardes. Las veladas se dedicaban \u00edntegramente a la m\u00fasica. Cecilia cantaba y yo le acompa\u00f1aba al piano.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, conoc\u00ed al gran Schubert en esas sesiones. De los maravillosos ciclos de El viaje de Invierno y la Bella Molinera seleccion\u00e1bamos las piezas m\u00e1s asequibles para el piano y la voz ya que Schubert no es un compositor f\u00e1cil para un pianista biso\u00f1o y una cantante en decadencia. Iba descubriendo poco a poco un maravilloso mundo desconocido entonces para mi. Tard\u00e9 mucho tiempo en escuchar estos ciclos de lieders a grandes int\u00e9rpretes porque me quedaba el recuerdo de aquel primer encuentro,&nbsp; que sin duda&nbsp; no era perfecto pero fue el mejor. Aun conservo la vieja edici\u00f3n que Cecilia me dedic\u00f3 con su hermosa caligraf\u00eda de La Bella Molinera. Y descubr\u00ed la desconocida m\u00fasica de Rousseau. Y la a\u00fan m\u00e1s desconocida m\u00fasica de Leonardo da Vinci. Y de muchos m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>La cena era exigua, m\u00ednima. Si se analiza fr\u00edamente se podr\u00eda decir que me acostaba con el est\u00f3mago semivacio, pero aunque no habr\u00eda despreciado una buena cena nunca me quej\u00e9 de hambre. Eran los tiempos.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras escribo estas lineas, reflexiono sobre la comida, el hambre, la sobrealimentaci\u00f3n, comparando el presente con aquel pasado. La necesidad de alimentos de calidad solamente existe cuando hay elementos de comparaci\u00f3n al los que se quiera aspirar. Sin ese elemento no hay deseo ni necesidad. Nos conformamos con lo que tenemos y aspiramos con esa parquedad a ser felices. Como cuando vemos en los reportajes de \u00c1frica a felices grupos de ni\u00f1os jugando al futbol con un bal\u00f3n de goma en un barrizal.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Y no es que no hubiera con qui\u00e9n contraponer nuestra necesidad a su abundancia. M\u00e1s tarde descubr\u00ed a muchos estudiantes contempor\u00e1neos que gozaban de la abundancia. Y no hab\u00eda comparaci\u00f3n posible simplemente porque viv\u00edan en mundos distintos. Estudiantes de ingenier\u00eda, de montes o de minas que pertenec\u00edan a clases muy diferentes a la nuestra. Organizaban y participaban en fiestas que nosotros no pod\u00edamos ni so\u00f1ar.<\/p>\n\n\n\n<p>Madrid fue un gran descubrimiento. La actividad musical que ofrec\u00eda no ten\u00eda punto de comparaci\u00f3n con ciudades de provincias. El Teatro Real, que aun no se hab\u00eda reconvertido en el teatro de Opera que fue en sus or\u00edgenes, ofrec\u00eda ciclos de conciertos maravillosos. Los s\u00e1bados por la tarde, la Orquesta Nacional o las Orquestas invitadas en los diferentes ciclos, los domingos por la ma\u00f1ana la Orquesta de Radio Televisi\u00f3n, los mi\u00e9rcoles la m\u00fasica de c\u00e1mara. En los ciclos de c\u00e1mara participaban grandes int\u00e9rpretes. All\u00ed pude escuchar a Rubinstein, a Andr\u00e9s Segovia,&nbsp; los dos ya muy mayores. Los jueves, el Colegio Alem\u00e1n ofrec\u00eda m\u00fasica de vanguardia: Rojo, de Pablo, Halffter, Marco y los extranjeros, Cage, Stokhausen, Ligeti, Varesse\u2026 Asist\u00ed a casi todos, y en caso de la Orquesta Nacional, a todos. Hab\u00eda que hacer grandes sacrificios para conseguir entradas&nbsp; de 15 pesetas pero ese a\u00f1o se program\u00f3 por primera vez en Espa\u00f1a toda la obra de G. Mahler que fue para todos la gran revelaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Y pude asistir al leve pero imparable cambio social en la audiencia musical. Fue memorable el recital de piano del austriaco&nbsp; Friedrich Gulda en el Teatro Real. En el programa, los dos vol\u00famenes del El Clave bien temperado de Bach. Sab\u00eda de la afici\u00f3n del int\u00e9rprete al jazz y todos esper\u00e1bamos algo novedoso en su interpretaci\u00f3n. Son los a\u00f1os 70, el swing casi no ha llegado a nuestros o\u00eddos. Aparece el int\u00e9rprete en el escenario con un atuendo rompedor. No se disfraza con el obligatorio frac, lleva una ligera americana de pana fina. Se sienta al piano y comienza a sonar un serio y respetuoso Bach. Pero poco a poco se va animando y el int\u00e9rprete impone un ligero swing a su interpretaci\u00f3n que a medida que avanza va haci\u00e9ndose m\u00e1s evidente. En un momento de euforia, el int\u00e9rprete se quita la chaqueta y la tira al centro del escenario. Se queda en camisa. Es casi una blasfemia para gran parte de la tradicional audiencia que no le perdona y abandona ruidosamente sus asientos ausent\u00e1ndose de la sala. Queda el aforo reducido a una mitad que al final del recital aplaude atronadoramente al pianista.<\/p>\n\n\n\n<p>La casa de General Or\u00e1a era una fuente de milagros. Un d\u00eda, Cecilia anuncia la visita de Enrique Casals Chap\u00ed, nieto del gran compositor Ruperto Chap\u00ed. Lleva media vida fuera de Espa\u00f1a pero Cecilia es amiga de sus hermanas y tambi\u00e9n de Enrique aunque en este caso la amistad se&nbsp; retrase a su juventud. Ha sido fundador y director de la Orquesta Sinf\u00f3nica de Rep\u00fablica Dominicana, de la Sinf\u00f3nica de Puerto Rico y ha ense\u00f1ado en varios Conservatorios americanos. Su obra como compositor es amplia y ambiciosa. Pero destaca su gran modestia. Cuando llega a casa invitado por Cecilia y tras las presentaciones, queda a solas conmigo y pasamos toda la tarde hablando de m\u00fasica. Un peque\u00f1o aprendiz con una eminencia musical. Me ense\u00f1a amontonadamente secuencias y secuencias de obras, -as\u00ed progresa Stravinski arm\u00f3nicamente en este pasaje de La consagraci\u00f3n de la Primavera-.&nbsp; Y lo ilustra en el piano con una seguridad asombrosa. Y de Straviski pasa a Bartok y a Hindemith y a los cl\u00e1sicos. Su conocimiento es inabarcable. Da muestra de una memoria segura que le permite introducirse en los m\u00e1s peque\u00f1os secretos de las partituras con las que me ilustra y me emociona.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan estaba yo en edad de iniciarme en los proleg\u00f3menos de la vida y ya descubriendo que los grandes personajes son humildes, modestos. Enrique Casals Chap\u00ed no presume de su obra y llega a Espa\u00f1a en su jubilaci\u00f3n como director no muy sobrado de ahorros. Las hermanas tampoco andan para tirar cohetes a pesar de ser todos hijos de uno de los m\u00e1s conocidos e influyentes periodistas de la \u00e9poca. Ven, las hermanas, la posibilidad de sacar alg\u00fan dinerillo extra e inscriben en secreto a Enrique para una prueba de aptitud en un colegio de monjitas. Pobrecillas, quieren que&nbsp; sea profesor de m\u00fasica en el colegio. A Enrique la idea no le gusta nada.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Me presentaron un test para ver si ten\u00eda conocimientos elementales de m\u00fasica- me dec\u00eda entre risas- . -Pero me aterrorizaba la idea del colegio y contest\u00e9 todo mal a prop\u00f3sito.<\/p>\n\n\n\n<p>Efectivamente no fue admitido porque, dec\u00edan las monjitas, no ten\u00eda el nivel. Sin embargo sigui\u00f3 componiendo y fue profesor de m\u00fasicos importantes de ese momento. Muri\u00f3 siete a\u00f1os despu\u00e9s de su regreso.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Otro personaje extraordinario que conoc\u00ed en el entorno cultural de Cecilia fue un Capitan Nemo de la estepa madrile\u00f1a. No recuerdo el nombre. Su ocupaci\u00f3n era ingeniero de Renfe, su religi\u00f3n era la m\u00fasica y Johan Sebastian Bach el Dios supremo. Con sus conocimientos te\u00f3ricos y antes de que se comercializara algo parecido hab\u00eda destinado la habitaci\u00f3n m\u00e1s grande de su casa a la construcci\u00f3n de un \u00f3rgano electr\u00f3nico de varios teclados y pedalier completo para honrar a Bach. Es la primera vez que pude admirar el resultado de la manipulaci\u00f3n de sonidos sint\u00e9ticos que imitaban a un \u00f3rgano cl\u00e1sico de tubos. Los registros eran unas tiras met\u00e1licas, como despu\u00e9s se hizo en los \u00f3rganos Hammond que pod\u00eda a\u00f1adir arm\u00f3nicos y enriquecer los sonidos de formas muy variadas. Pod\u00eda sonar como tubos de ocho pies, de cuatro, diecis\u00e9is, etc. Las posibilidades sonoras eran casi infinitas y nuestro ingeniero, a los mandos de tan sorprendente aparato parec\u00eda el mism\u00edsimo Juan Sebastian revivido.<\/p>\n\n\n\n<p>Cecilia y Margarita, pensaba entonces, deben de tener familia aunque nunca haya visto a nadie que viniese a&nbsp; visitarlas. Claro que no estaba por las ma\u00f1anas pero las ma\u00f1anas no son horas de visitar a nadie. Sin embargo, en una ocasi\u00f3n tuve que auxiliar a Margarita que se encontraba mal paseando por la calle y la acompa\u00f1\u00e9 a su casa. Yo no le di ninguna importancia pero sus familiares debieron encontrar en esta acci\u00f3n un hecho heroico porque a consecuencia de \u00e9l me invitaron a un concierto en la Catedral de Toledo con un magn\u00edfico programa, la Pasi\u00f3n seg\u00fan San Mateo, por la Orquesta Nacional. No recuerdo qui\u00e9n dirig\u00eda pero seguramente ser\u00eda Fr\u00fcbek de Burgos, su director titular. Aun no hab\u00eda llegado a Espa\u00f1a la moda de las orquestas y directores historicistas. Fue agradable el viaje de ida y vuelta en un seiscientos, conducido por una encantadora joven que no volv\u00ed a ver ya m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Todas estas historias y otras muchas que no caben en este relato corto fueron moldeando la afici\u00f3n, el conocimiento y enriqueciendo mi inicial pobre formaci\u00f3n musical. Probablemente una mejor educaci\u00f3n musical desde la primera ni\u00f1ez habr\u00eda inclinado mi vocaci\u00f3n hacia la m\u00fasica antes que a la ense\u00f1anza. Algo mayor que yo, Jes\u00fas L\u00f3pez Cobos, estudiante de filosof\u00eda y m\u00fasica, dirig\u00eda con maestr\u00eda la Coral Universitaria Santo Tom\u00e1s de Aquino. Recuerdo una entrevista pocos a\u00f1os despu\u00e9s, cuando ya era director prestigioso de orquesta, que hab\u00eda tenido que enfrentarse a la dura decisi\u00f3n de ser m\u00fasico o ser profesor. Eligi\u00f3 ser m\u00fasico.<\/p>\n\n\n\n<p>Todos somos producto del azar en gran medida. Las circunstancias nos van conduciendo por un sitio u otro con muy poca posibilidad de cambiar el rumbo. No hablamos ya del azar del nacimiento que puede resultar definitivo para marcar nuestro destino. Fue necesario que mi padre se enfrentara al cacique del pueblo cuando le dijo que si los j\u00f3venes se iban a estudiar qui\u00e9n iba a trabajar el campo. Por supuesto a su servicio y en sus propiedades. Y ahora, cuando escribo estas l\u00edneas, muchos a\u00f1os despu\u00e9s de los hechos narrados, puedo contemplar mi vida como si fuera un r\u00edo, determinado por su nacimiento, que va formando cursos r\u00e1pidos o tranquilos meandros seg\u00fan lo que va encontrando en el camino, en un discurrir demasiadas veces ajeno a su voluntad.<\/p>\n\n\n\n<p>Quedar\u00eda muy bien si dijera que me sent\u00ed fuertemente comprometido en la lucha pol\u00edtico-social de aquellos momentos cr\u00edticos de nuestra historia. No ser\u00eda cierto. Sent\u00eda la p\u00e9rdida de libertad a la que el r\u00e9gimen franquista somet\u00eda a todo aquel que no fuera de su cuerda. Y lo pude observar mejor poco despu\u00e9s recuperadas las libertades en la transici\u00f3n. Pude sentir de cerca la violencia y gratuidad en el comportamiento de la polic\u00eda cuando, por ejemplo, a mi amigo Alfonso, poeta y amante de la literatura griega cl\u00e1sica a tiempo total, le detuvieron y le dejaron dos d\u00edas a pan y agua en las dependencias de la Direcci\u00f3n General de Seguridad al considerarlo sospechoso por el simple hecho de llevar barba. Y esto le pod\u00eda pasar a cualquiera por nimiedades que parec\u00edan delitos a las autoridades, muy nerviosas al ver que su tiempo se terminaba. He huido siempre de los grupos numerosos, de la presi\u00f3n de un entorno dif\u00edcil de dominar y me he encontrado mejor a solas o con el pu\u00f1ado de verdaderos amigos que la vida me ha regalado.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>(Ensayo para un relato) Mi car\u00e1cter introvertido unido a la poca afici\u00f3n a multiplicar amigos me hab\u00eda dejado en la gran ciudad como un n\u00e1ufrago en la isla solitaria, o como pasajero novato en el vest\u00edbulo abarrotado de un aeropuerto. Desorientado. 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